Tepito: historia e información general.
Cultura Colectiva
El barrio perdió su carácter artesanal especializado en la fabricación de zapatos para convertirse en un gran centro de venta de mercancías importadas ilegalmente de contrabando, coloquialmente llamadas fayuca, traídas sobre todo de los EE.UU. Con la globalización económica, el valor comercial de las vecindades de Tepito aumentó geométricamente para ser usadas como bodegas de mercancías, por lo cual, la mayoría de sus habitantes adquirieron viviendas en otras zonas de la ciudad.

Las migraciones desde y hacia Tepito continuaron sucediéndose una y otra vez desde los años 70´s; unas promovidas por los gobiernos con la intensión de desaparecer desde décadas atrás, el barrio y todo lo que éste simboliza, creando así colonias al oriente de la ciudad tan peligrosas o más que Tepito como La Joya en Iztapalapa; otras, a causa sobre todo del terremoto del 85 que dejó viviendas inhabitables, algunas que aún se mantienen intactas hasta el día de hoy.


Así mismo, el barrio y sus cercanías tienen una larga historia de criminalidad entre los que destacan el contrabando, robo, narcotráfico y sus asesinatos por el control del mismo, y en algunos casos también por los espacios callejeros para colocar puestos ambulantes,13 considerándose a la calle Jesús Carranza la más peligrosa,14 aunque no todos los habitantes y vendedores son delincuentes o están ligados a actividades ilícitas ya que gran parte de la población es trabajadora ya sea en los puestos ambulantes o en empresas y negocios que se ubican fuera de la Colonia Morelos / Tepito. También destacan los oficios como la zapatería, el arte como la pintura así como los estudiantes y practicantes de alguna profesión como la medicina o el derecho. Es importante mencionar que Tepito / Colonia Morelos se ha convertido en un centro laboral que proporciona sustento a muchas personas y sus familias.
¿Mediante qué proceso aquella zona de la ciudad se había convertido en "barrio bravo" y, a ojos de sus cronistas, en el peor de los mundos posibles?
Un libro de Ernesto Aréchiga Córdoba, Tepito: del antiguo barrio de indios al arrabal, demuestra que no hubo proceso, que Tepito fue desde sus orígenes el peor de los mundos posibles. Nunca hubo mutación, sólo hubo continuidad.
Al formar Cortés la nueva Ciudad de México, se decidió que esa ciudad estaría habitada exclusivamente por españoles, la “gente de razón”. Los indios fueron expulsados a los arrabales, en el perímetro externo de las acequias que rodeaban la metrópoli. Ahí se conformaron los primeros “cinturones de miseria” de la urbe.
Los barrios que conforman Tepito -San Francisco, La Concepción y Santa Ana- quedaron marginados de la nueva Ciudad de México.
Las parcialidades o “barrios de indios” que se formaron cuando los derrotados de la Conquista fueron expulsados de la traza urbana, existieron hasta 1857. Desde 1521 esos barrios habían permanecido olvidados por las autoridades, conformando los ambientes, mitad rurales, mitad urbanos, que luego lamentaron y explotaron las crónicas de Ignacio Manuel Altamirano.
Cuando las parcialidades fueron extinguidas, la Ciudad de México se aprestaba a iniciar su expansión hacia el poniente. Vendría la bellísima Santa María la Ribera, y las colonias Juárez y Roma.
En 1777, después de recorrer con ojos radiantes las calles de la suntuosa ciudad barroca, el cronista Antonio de Ulloa caminó hacia el norte y se internó en barrios donde las casuchas se sucedían sin orden, formando intrincados laberintos. Ahí, el paisaje corriente era de atraso, olvido y suciedad. Ulloa fue el primer cronista de Tepito.
Tepito, y el resto de la ciudad, escribió: “casi parecen dos ciudades diferentes en un mismo lecho, como esposos de distinta clase social que comparten solo a determinadas horas una misma inquietud”.
Los recursos oficiales fueron destinados a dotarlas de servicios. Postes de luz, banquetas, parques. Según Aréchiga Córdoba, el abandono oficial hizo que los barrios de indios resolvieran sus necesidades más estrictas desde la marginalidad.
En el siglo XIX, la identidad de Tepito estaba ya asociada a un tianguis, nacido en la plazuela de San Francisco, que más tarde se derramó por las calles aledañas. En ese sitio se vendían zapatos de remiendo, ropa usada y fierros viejos, “muchos de los cuales provenían del hurto”. Con ánimos de mejora, el gobierno permitió que en vez de “sombras” de tejamanil, los comerciantes levantaran barracones de madera desde los cuales expender sus productos.
En 1897 un funcionario advirtió que aquellos barracones funcionaban de noche como dormitorios. “En aquellas barracas inmundas -reportó-, los comerciantes habitan, hacen sus necesidades y aún crían animales como los cerdos”.
Cuando en 1885 inició la construcción de la Penitenciaría de Lecumberri -que sería inaugurada quince años más tarde-, el gobierno descubrió que harían falta avenidas que conectaran el nuevo recinto en las calles del Centro. El Ayuntamiento autorizó entonces el fraccionador Ignacio
Hernández para que desarrollara una nueva colonia: la Morelos. Las calles fueron trazadas sobre las antiguas “Babeles de miseria” del viejo barrio. Los funcionarios del Ayuntamiento se abstuvieron de ordenar, sin embargo, la introducción de atarjeas, albañales, banquetas y empedrado.
Hernández para que desarrollara una nueva colonia: la Morelos. Las calles fueron trazadas sobre las antiguas “Babeles de miseria” del viejo barrio. Los funcionarios del Ayuntamiento se abstuvieron de ordenar, sin embargo, la introducción de atarjeas, albañales, banquetas y empedrado.
Los habitantes de la nueva colonia tuvieron que hacer lo que habían hecho siempre: rascarse con sus propias uñas, continuar el modelo que les reafirmó que no eran, no habían sido, no serían otra cosa que un eterno barrio de indios: el tumor horrible que odiaba y era odiado por la ciudad.
Durante el siglo XX Tepito cambió su fisonomía afianzando su carácter de barrio bravo y reafirmando su dignidad y tradición con el crecimiento del comercio ambulante a pesar de que los gobiernos locales ya habían construido mercados cerrados para tratar de satisfacer esa necesidad.
El barrio perdió su carácter artesanal especializado en la fabricación de zapatos para convertirse en un gran centro de venta de mercancías importadas ilegalmente de contrabando, coloquialmente llamadas fayuca, traídas sobre todo de los EE.UU. Con la globalización económica, el valor comercial de las vecindades de Tepito aumentó geométricamente para ser usadas como bodegas de mercancías, por lo cual, la mayoría de sus habitantes adquirieron viviendas en otras zonas de la ciudad.
Las migraciones desde y hacia Tepito continuaron sucediéndose una y otra vez desde los años 70´s; unas promovidas por los gobiernos con la intensión de desaparecer desde décadas atrás, el barrio y todo lo que éste simboliza, creando así colonias al oriente de la ciudad tan peligrosas o más que Tepito como La Joya en Iztapalapa; otras, a causa sobre todo del terremoto del 85 que dejó viviendas inhabitables, algunas que aún se mantienen intactas hasta el día de hoy.

Así mismo, el barrio y sus cercanías tienen una larga historia de criminalidad entre los que destacan el contrabando, robo, narcotráfico y sus asesinatos por el control del mismo, y en algunos casos también por los espacios callejeros para colocar puestos ambulantes,13 considerándose a la calle Jesús Carranza la más peligrosa,14 aunque no todos los habitantes y vendedores son delincuentes o están ligados a actividades ilícitas ya que gran parte de la población es trabajadora ya sea en los puestos ambulantes o en empresas y negocios que se ubican fuera de la Colonia Morelos / Tepito. También destacan los oficios como la zapatería, el arte como la pintura así como los estudiantes y practicantes de alguna profesión como la medicina o el derecho. Es importante mencionar que Tepito / Colonia Morelos se ha convertido en un centro laboral que proporciona sustento a muchas personas y sus familias.



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